Crónicas de viaje: ¿cómo se mueven los parisinos? o ¡cómo se mueven los parisinos!
- Luis Piedra-Cueva
- hace 24 horas
- 6 Min. de lectura

Un par de semanas conviviendo con ellos en la ciudad luz, dan material suficiente como para compartir algunas peculiaridades de la movilidad urbana abarcando desde el transporte público hasta el tránsito en todas sus formas.
A las 6 de la mañana, la actividad en París ya es muy intensa en toda la ciudad. Una enorme cantidad de personas caminan por las veredas en busca del transporte público más cercano, básicamente el metro. Y surge la primera impresión llamativa: la alta velocidad a la que se desplazan. Los franceses caminan muy rápido, siempre, ya sea en las calles, en los túneles del metro, en las escaleras mecánicas (si, hay que dejar libre el “carril” de la izquierda porque todo el tiempo buscan avanzar más rápido que los escalones) o donde sea, marchan velozmente, haciendo zigzag si algunas personas lo hacen más despacio.

A ello se le suman las bicicletas y motos. Una cantidad enorme de parisinos se trasladan pedaleando, hoy en su gran mayoría con algún tipo de asistencia eléctrica, cuando no lo son totalmente. Las hay de todo tipo y especie: viejas y en condiciones mínimas de marcha, de paseo con sillitas o canastos, de ruedas anchas, tipo bicimoto sin pedales, etc. Se mueven también muy rápido y, sin bien gozan de una muy buena estructura con ciclovías bien demarcadas, como peatones siempre hay que estar atentos porque pueden aparecer desde cualquier sentido, aún cuando exista uno solo para los automóviles. Ellos lo hacen en ambos, legalmente y bien marcado.
La mayoría cuentan con un “timbre” a la vieja usanza (seguramente hoy con algún sistema electrónico) con el que advierten de su presencia a los caminantes que no los hayan notado. Muy pocos utilizan cascos, mucho menos chalecos reflectivos, aunque en su totalidad cuentan con una muy buena y potente luz de led que además de iluminarles el camino, los hace visibles para los demás durante la noche. Vale decir que en esta época del año, a las 6 de la tarde ya está oscuro en París.

Resulta divertido observar el amplio espectro de personas que pasan en bicicleta, a partir de sus vestimentas, que van desde las más comunes y cotidianas, hasta las más sofisticadas y elegantes, tanto en hombres como mujeres, con zapatos finos y brillosos y elegantes gabardinas de abrigo de primera calidad.
Además de las bici de alquiler, que se encuentran en un gran número con gran frecuencia y se utilizan bastante a partir de la app correspondiente, es posible descubrir otro espectro de “utilitarias”, por llamarlas de algún modo. Tal vez la que menos me llamó la atención, porque acá hay algunas personas que las usan, es la que cuenta con un lugar donde cabe la sillita infantil, adelante del manubrio, que permite colocar un “techito” transparente de material plástico flexible, que cubre al niño y lo protege de la lluvia y el frío.
Pero que además sirve para llevar las compras del supermercado en ese dispositivo, una vez que el pequeño quedó en la escuela.

Un escalón más arriba ya se encuentra otra bici de trabajo. Construida sobre una estructura de tres ruedas (con dos delanteras), sobre ese eje se apoya un cajón, que puede ser de diferentes tamaños, con o sin tapa, constituyendo un práctico vehículo para distintos tipos de repartos urbanos. De hecho hay muchas empresas de reparto que tienen enormes flotas de ese tipo de bicicletas, identificadas con el logo o la publicidad del servicio que prestan, y todo el tiempo se ven pasar esencialmente en la zona céntrica de la ciudad.
Admiten un buen volumen de carga, y naturalmente el sistema de pedales se acopla a una asistencia eléctrica que facilita la tarea, además de darle una buena velocidad a sus traslados. Cuentan con sistema de bloqueo electrónico y alarma, puesto que requieren de algún sistema básico de seguridad para activar cada vez que el conductor se baja para concretar la entrega, por ejemplo en edificios de oficinas.
También existe otro tipo de bici de trabajo, con carros enganchados en la parte posterior, donde se pueden llevar objetos más grandes.
Sin dudas, la electrificación abre un notable espectro de posibilidades para diferentes operaciones urbanas de transporte con este tipo de rodados, que permite llegar a lugares a los que resulta más difícil para los autos y sin exigir un esfuerzo físico desmedido.
Pero las motos también ocupan un lugar importante en el tránsito vehicular parisino. Son muchas y en su enorme mayoría, de gran cilindrada. No se ven las que abundan en Uruguay de origen chino, con 100 cc de cilindrada, y ocupan un lugar importante las del tipo Scooter, pero siempre muy potentes y de marcas de primera línea. Y las de tres ruedas se han generalizado bastante.
En todos los casos, también se desplazan a la máxima velocidad permitida, aprovechando la agilidad que las diferencia con respecto a los autos y utilitarios.
Taxis de lujo
No creo haber imaginado alguna vez que Lexus fuera una marca utilizada tan frecuentemente para prestar ese servicio en algún lugar. La división de lujo de Toyota es una de las más “comunes” en París, pero no la única. Desde distintas variantes de Mercedes-Benz con modelos diversos, lo mismo la propia Toyota, BMW y Cupra, pasando por los productos más encumbrados de las locales Peugeot, Citroën y Renault, todos ellos lucen su elegancia en color negro, con su correspondiente letrero luminoso en el techo (que dan ganas de llorar).
Conforman una enorme flota para prestar ese servicio público, muy utilizado por cierto. Y que no es barato, claramente. Abundan los sedanes, Station Wagon (rurales) y algunos SUV, en su gran mayoría con propulsión híbrida, y eléctricos, pero también hay utilitarios como Mercedes Vito, Hyundai Staria, Renault Master, etc, siempre del mismo color, que también operan en ese rubro.
Otros actores y un gran ausente
La electrificación es un gran protagonista de toda la movilidad vehícular parisina. Además de los automóviles que ya abarcan una buena porción del parque automotor de Francia, hay muchos ómnibus eléctricos, amén del subte y de los trenes que utilizan esa energía.
Vale decir que la matriz energética del país se basa casi en un 60% en generación nuclear, baja en emisiones de carbono, seguida por fuentes hidroeléctricas, y en aumento, las eólica y solar.

En materia de cargadores públicos, no se ven con demasiada frecuencia en las calles, pero cuando están, son grupos de al menos seis que no siempre están todos ocupados.
Por las calles circulan todo tipo de coches, desde las marcas más sofisticadas hasta las más comunes. Ferrari y Lamborghini son bastante habituales en el entorno de la Torre Eiffel.

Si bien son comunes los camiones livianos que realizan su trabajo dentro de la ciudad, me resultó muy llamativa la ausencia total de pick ups. En París no se usan camionetas de ninguna especie, ni compactas y tampoco medianas como Hilux o Frontier. No las hay.

¿Y los chinos?
Prácticamente no se ven. BYD fue la única marca que me pude encontrar en distintos puntos de la ciudad, pero muy esporádicamente, con alguna unidad muy de tanto en tanto, y no de los segmentos más populares, sino de los refinados Seal sedán y el SUV Tang, por ejemplo.
Ya cerca del aeropuerto para el viaje de partida, pude ver un Lynk&Co.
El metro
París tiene una de las redes más amplias de Europa, asegurando que en casi cualquier punto de la ciudad haya una estación a menos de 500 metros.
El servicio es maravilloso, con frecuencias de dos minutos entre un tren y otro, e incluso menos, dependiendo de la línea y de la hora. Son convoyes de al menos 8 o 10 vagones muy largos, algunos muy modernos y otros no tanto, que se desplazan a alta velocidad y permiten diferentes combinaciones para llegar hasta cualquier lugar de la gran urbe. Y generalmente, van llenos, todos.

Son enormes extensiones de corredores subterráneos en diferentes niveles, con cintas mecánicas en algunos, escaleras mecánicas en casi, y una masa inmensa de gente que se moviliza a toda hora por esos lugares bajo tierra. Es como si hubiera otra ciudad debajo de las calles.
Y siempre, todo el mundo caminando muy rápido. A pesar de ver todo el tiempo muchas personas haciendo deporte, corriendo o en bicicleta, creo que el gran ejercicio parisino de quienes no lo hacen, por lejos es caminar. Porque aunque no se lo propongan y vivan cerca de alguna estación de metro, necesariamente recorren largas distancias para concretar sus traslados de cada día. Y encima, lo hacen muy rápido, exhibiendo un buen estado físico más allá de edades o situaciones puntuales.

Para darle una dimensión a toda esta visión impactante, según datos de internet diariamente son alrededor de cuatro millones de personas que utilizan el servicio del metro de París. Considerando que su población es algo menos que la de Uruguay en su núcleo central (unos 3 millones) y 12 millones con la totalidad suburbana, es una proporción muy alta de usuarios que se movilizan en base a este impresionante servicio subterráneo, día tras día.





















Comentarios